domingo, 10 de agosto de 2008

“CON LOS PIES PARTIDOS Y CON OLOR A HUMO”. Movilizaciones sociales y Acciones colectivas en las Tomas de Terreno de Alto Hospicio

¿Existió algún tipo de movimiento social en localidad de Alto Hospicio? ¿Quiénes fueron sus protagonistas? ¿Cuáles eran sus metas y objetivos? Son una de las tantas interrogantes que se surgen a partir de la rápida respuesta habitacional a las más de 20 mil familias en situación irregular, además de la pronta aprobación del proyecto de ley que separaba a Alto Hospicio de la comuna de Iquique (Ley Nº 19.943), durante el gobierno de Ricardo Lagos Escobar.

A través de este ensayo se intenta desarrollar un breve análisis del proceso de configuración social y espacial de Alto Hospicio y el empoderamiento de las Mujeres como actor social emancipador en la construcción de un nuevo espacio territorial, que emerge como alternativa habitacional para familias de escasos recursos que no pueden acceder a los altos costos de la vivienda en la ciudad de Iquique.

Autores como Manuel Castells y Tomas R. Villasante, señalan que los movimientos sociales surgen en espacios territoriales de convivencia y necesidades propias, siendo la tesis central de ambos a grandes rasgos, los ciudadanos como actores claves que construyen el movimiento social desde los problemas de la cotidianidad.

Alto Hospicio Un nuevo Escenario Urbano

Los primeros antecedentes históricos de la localidad nos relatan a Alto Hospicio como un poblado apacible, constituido por un conjunto de parcelas agrícolas, asentamientos urbanos y algunos talleres artesanales, en los años 80, su población no superaba las 500 familias. Realidad que se vería alterada durante la dictadura militar, un 13 de junio 1987, día en que fueron erradicadas 180 familias asentadas de modo ilegal en el campamento del barrio “El Colorado Bajo”, ubicado en el sector norte de Iquique. Hombres, mujeres y niños fueron abruptamente expulsados de la ciudad y trasladados a la localidad de Alto Hospicio, marginados del desarrollo urbano, los mínimos servicios básicos de habitabilidad.

A pesar de las mínimas condiciones que presentaban las tierras hospicianas, no tardaron en llegar centenares de familias nortinas, asentándose de manera irregular; levantando habitaciones de material ligero, excavando pozos y reuniendo tambores para la recolección de agua, mecanismos precarios para la satisfacción de las necesidades básicas. Conformando así, los primeros campamentos, y con ellos, precarias asociaciones y organizaciones sociales entorno a la vivienda, quienes en conjunto con autoridades locales van negociando y gestionando progresivos logros en los siguientes años, tales como; subsidios habitacionales, agua potable, electricidad los primeros colegios, un consultorio, iglesia y una que otra infraestructura para la comunidad.

En esta primera etapa de la construcción de Alto Hospicio se identifica una insipiente movilización de los recursos como forma concreta de acción colectiva. Considerando la acción colectiva como proceso de acción común, que entiende como referente central del actor racional individual o grupal que emplea el racionamiento estratégico o instrumental, reemplazando a las masas irracionales de los clásicos movimientos sociales. La organización identifica sus fines con las preferencias de cambio de un movimiento social y actúa por conseguir estos fines. (Cohen; 1985). La organización de esta etapa, ejerce un rol de interlocutor entre la comunidad y las instituciones, siendo su principal estrategia la creación de formas asociativas y modos de comunicación, para alcanzar las metas propuestas.

Posteriormente entre los años 1997 y 1999, los efectos de una crisis internacional (crisis asiática) repercutieron en este apartado territorio. El flujo migratorio que había sido constante en el tiempo, se triplicó, alcanzando una población de casi 40 mil personas. Si bien, se había otorgado solución a las primeras familias asentadas, a través de los planes de vivienda social, a finales del año 2000 había más de 20.000 personas, 4500 familias que vivían en situación irregular, conformando así para los medios de opinión pública “el campamento más grande de Chile”.

En este contexto se identifican cuatro territorios en la localidad; El centro, área donde se ubican insipientes servicios, algunos conjuntos habitacionales, habitados por las primeras familias asentadas y tres asentamientos irregulares ubicados en la periferia, conocidos como las tomas La Pampa, La Negra y El Boro.

Reseña de los Asentamientos La Pampa, La Negra y El Boro

Toma La Pampa

Asentamiento que concentraba el mayor número de familias, más de 2 mil (inmigrantes de todo el país y de países vecinos Perú y Bolivia) Ubicada al sur poniente del centro de la localidad, al constado de la carretera que otorga conectividad con la ciudad de Iquique. Sus pobladores fueron llegando seducidos por un programa de autoconstrucción impulsado por la municipalidad de Iquique, comandado por el entones alcalde Jorge Soria, programa que seducía a las familias a la ocupación ilegal del terreno y posterior construcción por etapa de la vivienda con ayuda de la municipalidad. Las promesas que sustentaban una relación clientelar, entre el alcalde y la comunidad, se ve fraccionada por el incumplimiento de las promesas municipales. En consecuencia las demandas fueron desviadas y profundizadas hacia el Estado. Articulándose un movimiento marcado por el clientelismo y las luchas de poder entre el gobierno comunal y el regional "junto a la pobreza urbana y a los problemas sociales aparecen los movimientos urbanos y su conexión potencial con las luchas políticas"(Castells; 1981: 149).

“Se nos dijo que para tener solución habitacional teníamos que organizarnos, lo que siempre se nos ha pedido. Y nos juntamos todos he hicimos comités de vivienda. El de nosotros se llamaba comité de vivienda flor del desierto; hay una presidenta y una secretaria, la cual luchaba en la municipalidad porque como se suponía que esto iba a ser autoconstrucción, siempre gestionamos por intermedio de la municipalidad y ahí quedamos habían varios comités con hartos nombre diferentes y ahí nos pusimos más organizados porque si estábamos conformados en comité, íbamos a tener solución y claro gracias a los comités tenemos lo que tenemos”.
Pobladora La Pampa 2002.
[1]

Toma La Negra.

Surge en los años 80 a partir de la migración de familias aymaras del altiplano a un sector más próximo a la ciudad central, Iquique. Este territorio ubicado al sur oriente del casco antiguo, situado en los faldeos del cerro, otorga las condiciones optimas para la formación de un villorrio de su etnia, el desarrollo de actividades agrícolas y la artesanía. No obstante, esta aldea no se mantuvo al margen de la explosión migratoria, aumentando su población desde los años 1997 alcanzando a constituir 1500 familias. La movilización de esta toma estuvo caracterizada por las múltiples formas acción colectiva "La unidad en la acción sólo es el resultado de las relaciones internas y externas entre movimiento y sistema de acción, cómo se reúnen los recursos, cómo se negocian las relaciones en la organización, cómo se crean las ideologías y cómo se producen las relaciones con el ambiente" (Melucci; 1989; 3). Otorgando un carácter solidario al conjunto de relaciones sociales y humanas desplegadas en este escenario urbano, el que se distinguió por la fuerza de sus lazos fraternos entre sus pares, impulsando numerosas organizaciones sociales que complementaban las demandas sociales y urbanas con acciones orientadas al desarrollo del capital cultural de la comunidad.

…Y es curioso porque a pesar de carecer de agua potable, energía eléctrica, y locomoción, teníamos una buena calidad de vida, unos hijos sanos, una familia feliz, y una casa de material ligero que era un verdadero hogar. En “La Negra” conocí gente maravillosa que han pasado por ahí, vecinas, señoras como las del grupo de mujeres “Violeta Parra”, sacerdotes de la capilla “Jesús, mensajero de la paz”, a la gente del comité “Los Pioneros”.
Pobladora de La Negra año 2002.


Toma El Boro.

El más pequeño de los asentamientos, con no más de 250 familias, ubicado en el extremo norte del centro, siendo sus flujos migratorios menos variable. Su población está constituida por grupos familiares emparentados y por un importante número de población de origen nortino. Sin embargo es el asentamiento que presento mayor fragmentación entre sus organizaciones y su población de bases. Su principal característica, el fuerte vínculo con la iglesia Católica, hecho que in-visibiliza las acciones por la vivienda, focalizando sus funciones durante años a la construcción de una capilla, “Capilla San Lorenzo”. Acción que es comprendido por los muchos jóvenes, hijos de familias de la localidad que murieron el año 86, por la explosión en la planta de producción de bombas de racimo de la empresa Cardoen.


…Teníamos claro que nos queríamos separar del comité San Lorenzo solo reunía plata para la iglesia y nada para la toma…nos reunimos en la calle. Fue el 97, en el mes de septiembre más o menos; fue alrededor de un fogata en la calle y formamos el comité Villa Cristal…

Presidenta del Comité del Boro


Estos tres asentamientos, que reunían a más de 4.500 familias, se caracterizaron por su alta precariedad propia del equipamiento informal, la autoconstrucción, y materiales de edificación no convencionales. Además del no acceso a los servicios básicos; luz, agua potable, electricidad y alcantarillado. En un espacio donde las condiciones geográficas endurecen aun más el paisaje desértico, bajas temperaturas en las noches y altas durante el día, sumado a la tierra seca todo el año y la fuerte camanchaca durante todo el año.
Las demandas principales de estos pobladores estaban relacionadas con mejorar las condiciones mínimas de sobrevivencia, agua y luz, las principales y posterior la demanda por la propiedad, el terreno. Todas las solicitudes iban al Gobierno a quien identificaban como responsable de otorgar la solución a los problemas sociales, urbanos y habitacional
[1] Entrevista realizada en el contexto de la investigación LA DEMANDA POR LA VIVIENDA EN LAS TOMAS DE TERRENO EN ALTO HOSPICIO.
Estudio descriptivo del proceso de movilización social de los Sectores La Pampa, La Negra y El Boro. TESIS PARA OPTAR AL TÍTULO DE LICENCIADO EN SOCIOLOGÍA
El movimiento por la Vivienda y los nuevos protagonistas

La teoría de los movimientos sociales e iniciativas populares de Tomas R. Villasante, parte de la convicción que las masas tienen un gran potencial de acción transformadora y son capaces de impulsar una intervención social desde la base. Las demandas colectivas de los pobladores de los campamentos de Alto Hospicio surgen en espacios territoriales de convivencia y necesidades propias, impulsando acciones colectivas desde los problemas de la cotidianeidad. "La ciudad y sus movimientos se componen de elementos cualitativos de identidad colectiva y control social, es decir, de procesos de comunicación entre grupos y sectores que se articulan entorno a determinados símbolos, prácticas cotidianas, horizontales y metas sociales" (Villasante; 1991; 10).

Las dificultades individuales de la vida cotidiana, en un contexto urbano y social de precariedad, generalizan las necesidades y la búsqueda de soluciones. La pobreza crea identidades colectivas y con ellos grupos articulados que buscan satisfacer las necesidades a través de acciones diarias que abastezcan objetivos a corto y mediano plazo.

Ahora bien, detrás de cualquier objetivo "existe una red compleja de motivaciones articuladas, en donde las identidades escondidas y latentes, construidas en la cotidianeidad, son determinantes, así como los horizontes o referentes que enmarcan la acción más allá de lo inmediato" (Villasante; 1991; 10). El caso de las tomas de Alto Hospicio, es significativo pues el espacio territorial de convivencia trae un sinfín de motivaciones que hacen remecer hasta el más indiferente de los individuos. Una población conformada por hombres y mujeres de diferentes lugares del país, con identidades culturales distintas. Se han reunido en el mismo espacio, atravesando las mismas dificultades y trazándose un objetivo en común.

Las organizaciones y asociaciones presente en los tres campamentos entrelazan sus acciones y articulando redes, dando forma a un tejido asociativo: " una malla o una red bastante tupida, que en algunos puntos está rota o desconexa y en otras partes se agolpan relaciones de cotidianeidad" (Villasante; 1991). Los comités de viviendas, las juntas vecinales, clubes deportivos, clubes de adulto mayor, organizaciones cristianas, organizaciones de mujeres, comedores infantiles, se organizan para levantar y perseguir sus demandas.

Este proceso, que no alcanzo a durar más de tres años, estuvo liderado mayoritariamente por mujeres, actores sociales fundamentales para el desarrollo del movimiento. Desde Touraine “La función del actor social es asegurar el control de la historicidad en cada momento de organización”. (Touraine; 1987;44). La historicidad entendida como un modelo cultural que domina una sociedad, que identifica el momento de la historia con sus propios intereses de dominación, el pueblo define su momento histórico de que es objeto. Hasta hora las mujeres habían estado relegadas a un papel secundario, a los quehaceres de la casa, a la crianza de los niños, el rol de compañera. No obstante, en un momento surge la imperante necesidad de autonomía, hecho detonado por el contexto de precariedad y el anhelo de un hogar definitivo para sus hijos, haciendo colectiva la imagen objetiva del espacio urbano compuesta de; un terreno propio o de la casa propia, de una espacio urbanizado, con agua potable y electricidad, con escuelas, ferias libres, parques de recreación, centros de desarrollo cultural y casas de apoyo para la mujer, básicamente “dejar de ser el patio trasero de Iquique y ser su ante jardín”

En una sociedad construidas por hombres, las mujeres hospicianas tomaron las palas para construir sus propias casas y liderar las acciones que las conducirían a cambiar la historia que el norte había preparado para ellas. “la historia del barrio se entrelaza también para las mujeres con un tránsito de semiaislamiento inicial a la construcción de las redes cada vez más amplias y formales de solidaridad y participación más allá de la familia; con el transito de lo privado a lo público o, quizás más precisamente, con la invasión del ámbito público por las mujeres con sus necesidades y sus organizaciones” (Degregori. Blondet y Lynch; 1986:185).

La nuevas protagonista caracterizadas por su olor a humo y sus los pies partidos, las mujeres del Alto, buscan construir su propio espacio y para ello, superan la capacidad individual y exigen un estrategia colectiva, que implica establecer relaciones más allá del hogar, construyendo redes de ayuda mutua… estableciéndose relaciones en pie de igualdad. (De Gregori. Blondet y Lynch; 1986). Esa así, que las acciones se desarrollan en dos frentes por una parte, se refuerzan los lazos de solidaridad y apoyo entre vecinas para la producción del quehacer domestico y por otra de impulsan una seguidilla de manifestaciones en todas partes de la ciudad, implorando una solución, en la plaza Prat y Condell de Iquique, en avenidas Arturo Prat, en la ruta A 16, construyendo la potencialidad popular. Gestionando y negociando las demandas día a día; la llegada del agua a través de camiones aljibes por parte del gobierno regional, la limpieza de los pozos sépticos por parte de la municipalidad, fondos para motores para generar electricidad por parte de la Intendencia, subsidios especiales para privados que inviertan en educación en colegios subvencionados, dinero para la compra de medias aguas del Hogar de Cristos y lo más importante exigencia para un pronta solución habitacional al Gobierno Central.

Después de algunos viajes a Santiago, por parte de dirigentes, más algunas huelgas de hambre sin mayor cobertura, los campamentos de Alto Hospicio logran estar en la mirada nacional e internacional, lamentablemente por la desaparición de las niñas de Alto Hospicio, acontecimiento que fue utilizado por el movimiento para dar a conocer al País la situación de precariedad que los afectaban, dado que 6 de las 11 niñas desaparecidas vivían en estos sectores, las tomas eran el escenario donde se desarrollaba la vida cotidiana de estas 6 jóvenes, espacio que se vio invadido por los medios de comunicación, lo que generó que entre el 1999 y 2001 la prensa escrita y los canales de televisión retrataran a nivel nacional las vidas en las tomas de terrenos de Alto Hospicio de Macarena Sánchez, Viviana Garay, Macarena Montecinos, Katherine Arce, Patricia Palma y Laura Zola. Ddetallando las condiciones de pobreza e inhospitalidad del entorno físico y social. Sin embargo la estigmatización social y cultural no logra desmotivar las acciones colectivas de las mujeres Hospicianas. La desaparición de las liceanas de Alto Hospicio, centró los ojos del país en esta apartada comunidad.

Estos hechos que se enmarcan en un contexto electoral a finales del 1999, que hacen prometer una pronta solución al candidato de la concertación Ricardo Lagos. Quien posteriormente en calidad de Presidente de la Republica, encomendaría la ejecución de un programa especial de vivienda y urbanización para estos sectores llamado Plan Integral Alto Hospicio – Alto Molle, (2001 – 2003) construyendo casas, urbanizando terrenos, creando calles y avenidas, edificando infraestructura en educación, salud, seguridad, deporte, y potenciando la vida comunitaria.

Las 4500 familias, en situación irregular lograron su solución habitacional, junto con esto los sectores de La Pampa, La Negra y El Boro, se incorporaron al radio urbano de Alto Hospicio, a través de conectividad y construcción de servicios, gestándose poco a poco la identidad hospiciana, caracterizada por la fuerza de sus mujeres, por una diversidad de culturas[1] expandidas en el desierto y por la ilusión en el futuro mejor para sus niños y niñas.

Finalmente si bien, podemos identificar distintos tipos de asociatividad y acciones colectivas en el espacio urbano, la acciones desplegadas por las tomas La Pampa, La Negra, El Boro permiten articular un tejido asociativo y conjuntos de acción que hicieron posible la solución de demandas urbanas por parte de los pobladores. Tejido caracterizado por sus organizaciones de base y sus redes conexa o inconexa según las circunstancia en el tiempo y en el espacio territorial. Sin embargo, el principal valor de estas acciones movilizadoras, es el actor social, sus protagonistas quienes lideran y articulan las acciones colectiva del movimiento otorgando un matiz que va más allá de la lucha por la vivienda, sino de la apropiación del espacio público y la construcción de su propia ciudad y la validación de sus derechos como mujer.


“La Gabriela dijo un día que todas íbamos a ser reinas y a veces lo hemos sentido…La directiva de la asociación empuja, incentiva, y les dice, ya chiquillas sigan adelante, traten de hacer esto, y resulta. Incluso pretendo que una o dos mujeres de La Negra lleguen a la universidad.”

Ex. Presidenta de la agrupación Violeta Parra de la Negra.


El rol que encarnan las mujeres hospicianas que con olor a humo por la leña que quemaban para cocinar día a día y los pies partidos por la sequedad de la pampa del desierto grande, participan activamente del proceso de movilización, permitiendo la construcción social de la realidad Hospiciana y los primeros cimientos de la identidad de esta tierra seca que se convirtió en hogar.

… pese que el hombre muchas veces ha tratado de ensuciarla, con huellas de sangre y poder, Alto Hospicio se ha sostenido y ha vuelto a renacer… pues es una ciudad con fuerza de mujer…(Mujeres de Alto Hospicio, Relatos auto bibliográficos)


[1] Etnias mapuches, atacameños, aymaras y Rapa Nui, además de bolivianos, peruanos, ecuatorianos y brasileños quienes conviven con hombres y mujeres del norte grande, del norte chico, centro y sur del país.